Su picadura es una de las más dolorosas del mundo animal y también secreta sustancias químicas urticantes

Los mutílidos (Mutillidae) son insectos conocidos vulgarmente como hormigas de felpa u hormigas aterciopeladas, cuyas hembras carecen de alas y se asemejan mucho a las hormigas aunque son, en realidad, avispas. Están cubiertas de vellosidades, que pueden ser rojas, negras, blancas, plateadas o doradas, y algunas especies son conocidas en Norteamérica como “cow killers”, ya que su dolorosa picadura es capaz de tumbar a una vaca.

Ello se debe a que el aguijón de estos insectos es muy largo, lo que ha contribuido al éxito evolutivo de este grupo al otorgarles una defensa poderosa en contra de la depredación, según se desprende de un artículo científico publicado el pasado mes de mayo en la revista especializada PeerJ.

El trabajo, elaborado por un grupo de científicos de la Universidad Estatal de Utah (Estados Unidos), revela que los insectos con aguijones más cortos desprenden sustancias más tóxicas que los que poseen aguijones más largos, si bien las picaduras de los últimos son más dolorosas que las de los primeros.

Para la elaboración del estudio los expertos midieron el aguijón de 60 especies entre abejas, avispas y hormigas, y analizaron tanto la toxicidad del veneno desprendido durante la picadura como el dolor causado por la misma. Al final, constataron que son las hembras de la especie Dasymultila klugii –los machos ni siquiera pican- las más temidas.

Para hacerlo, colocaron en frente de las avispas diferentes especies animales, entre las que figuraban un sapo americano, lagartos, topos e incluso aves insectívoras, que deberían ser sus depredadores naturales. Sorprendentemente, comprobaron como pocos se interesaban por ellas y como los que sí que lo hacían salían más que escaldados.

En una ocasión, un topo que decidió acercarse a una de las avispas recibió tal picadura que acabó convulsionando durante varios minutos. Por su lado, el sapo americano, el más atrevido del grupo, llegó a comerse uno de estos insectos una vez y no más, pues acabó vomitándolo pocos segundos después.

En este caso, el insecto salió ileso de las entrañas del anfibio, que no volvió a acercarse a la avispa, al igual que lo hacen el resto de sus depredadores por el mismo motivo: su dolorosa picadura. Y es que el veneno que inyecta al penetrar un cuerpo ajeno no es letal pero hace agonizar de dolor a sus víctimas, una ventaja evolutiva que ha situado la especie en un lugar privilegiado.

Las avispas de esta especie son de color rojo y negro, una de las combinaciones con más contraste que existe en la naturaleza. Esta, del mismo modo que el amarillo y el negro –la combinación de colores más fuerte de todas- son caballo ganador si de asustar a un depredador se trata, ya que es advertida como una señal de alerta.

Además de su dolorosa picadura, estos insectos, expertos en ocupar nidos de otras avispas y abejas sin permiso alguno, poseen un caparazón muy duro que rara vez sus depredadores pueden masticar. Asimismo, secretan sustancias químicas irritantes que desprenden olores desagradables a fin de disuadir a quienes intentan atacarlas.

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