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Miércoles, 08 Marzo 2017 11:18

¿El olor a lluvia contiene bacterias?

Cuando el suelo está seco y comienza a llover el aire se impregna de un aroma agradable y característico, el olor a lluvia o petricor. Su origen está en un compuesto que se conoce como geosmina, y que es una molécula producida por unas bacterias inofensivas y muy abundantes en el suelo: las Streptomyces. Según concluyeron en 2015 científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), parece ser que cuando una gota de lluvia aterriza en el suelo, genera unas burbujas que facilitan que esta molécula se disperse en forma de aerosol.

Pero no solo eso. En 2015 también se comprobó que el impacto de las gotas de lluvia es capaz de producir aerosoles repletos de bacterias y virus presentes en el suelo. Ahora, en un artículo publicado en Nature Communications, los mismos investigadores del MIT han comprobado que la lluvia es un medio fantástico para la dispersión de las bacterias, porque cada gota puede estar cargada con miles de microbios y viajar distancias considerables para ellas. Además, han averiguado que la lluvia moderada y los suelos arenosos y calientes (a unos 30 grados) son los mejores para conseguir la máxima dispersión.

                                                                                                                        

La mayor parte de las bacterias, y en especial las que viven en el suelo, son inofensivas para el ser humano, por lo que respirar el inocente olor a lluvia no tiene ningún riesgo. Pero, según ha explicado Cullen Buie, primer autor del estudio, este trabajo tiene implicaciones a la hora de entender cómo se debe controlar los patógenos que atacan a las plantas. «Hemos descubierto que la lluvia puede dispersar los microbios más lejos. Y que los aspersores también pueden hacerlo. Así que esto tiene importancia a la hora de intentar contenerlos».

 

Los investigadores han concluido que, en total, las lluvias pueden ser las responsables de la dispersión de entre el uno al 25 por ciento de todas las bacterias del suelo.

La investigación comenzó cuando científicos británicos compartieron sus sospechas de que la lluvia parecía estar aumentando la frecuencia de las infecciones de meliodosis. Esta es una infección pulmonar causada por una bacteria patógena conocida como Burkholderia pseudomallei, y suele aparecer en países del sudeste asiático y al norte de Australia.

Creen que la lluvia puede ser un factor importante en las infecciones de plantas

«Los investigadores británicos encontraron un aumento considerable en el número de infecciones que aparecían después de la lluvia, y sugirieron que esta bacteria podía ser dispersada por las gotas», ha recordado Buie. Por eso, su equipo y él decidieron averiguar si en general la lluvia era un mecanismo importante para la dispersión de bacterias.

Para comprobar esta hipótesis en el laboratorio, trataron de reproducir allí seis tipos de suelo y la dispersión de tres especies (inofensivas) de bacterias. Además, simularon distintos tipos de lluvia cambiando la altura desde las que dejaban caer las gotas, y cambiaron las temperaturas del suelo para tener en cuenta el efecto del clima, (entre otras cosas, el calor facilita la dispersión de aerosoles y compuestos volátiles).

Después de hacer caer las gotas sobre una superficie impregnada por bacterias, recogieron las gotas de los aerosoles en un disco, y luego las trasladaron a un medio de cultivo.

Publicado en Medio Ambiente

Este cambio de color, del lago Urmía, en el norte de Irán, ocurrió en cuestión de dos meses. Del verde esmeralda, en la medida que sus aguas se fueron evaporando, pasó a  rojo sangre, dejando un halo de cristales de sal.

El lago salado, que una vez llegó a ser el más grande de Medio Oriente, lleva décadas encogiéndose debido a la actividad humana.

Y en la medida que se va haciendo más pequeño, se hace más salado; y en la medida que se hace más salado, organismos microscópicos pintan el agua de rojo y naranja.

Este cambio de tono fue captado por el satélite Aqua de la NASA.

Microorganismos pertenecientes familia de alga llamada Dunaliella salina y a una familia arcaica de bacteria conocida como Halobacteriaceae, están presentes todo el año en el lago.

Lo que ocurre es que en primavera, en el período de más lluvia de la región y cuando baja el agua de la nieve de las montañas, el lago tiene menor concentración de salinidad.

En la medida que el agua se hace más salado, las microalgas se vuelven rojas "debido a la producción de carotenoides protectivos en sus células", explica el científico de la universidad de Stuttgart, en Alemania, Mohammad Tourian.

Si bien no es la primera vez que el lago Urmía cambia de color con la llegada del verano, expertos advierten que en la medida que continúe la agricultura y se profundice la sequía, el rojo del agua puede ser permanente.

 

Publicado en Notas Curiosas

En 1991 un cuerpo encontrada a 3210 metros de altitud de los Alpes por dos excursionistas alemanes, que data de 5000 años de antigüedad,  se encontraron, bacterias que vivieron en el estómago del hombre glaciar Otzi, cuyo análisis ayudó a los expertos a rastrear las migraciones en Europa.

Los datos obtenidos de su estudio parecen confirmar una gran ola migratoria desde Oriente Medio hacia el viejo continente.

Los científicos se sorprendieron cuando se dieron cuenta de que la bacteria Helicobacter-pylori, o H. pylori, tiene ascendencia con un tipo muy antiguo de microorganismo Indio, lo que puede significar que los Europeos vienen de ese país y no de África, como se piensa hasta ahora.

Estas bacterias, que pueden provocar úlceras o cáncer, están presentes en el sistema digestivo del ser humano desde hace, al menos, 100,000 años, lo que explica que diferentes cepas evolucionaran al contacto con otros grupos migrantes, de acuerdo con el trabajo publicado en la revista especializada Science.

Actualmente 50% de la población mundial es portadora de H. pylori, por ello la secuencia de diferentes tipos de bacterias puede ser usada para establecer una carta histórica de la geografía humana.

 

 

 

Publicado en Notas Curiosas
Viernes, 04 Septiembre 2015 09:20

¿Bacterias ayudan a generar oxígeno?

El proceso por el que el planeta pasó de tener muy poco oxígeno a encontrarse con una atmósfera similar a la actual es una de las mayores incógnitas de la ciencia. Ayudados por el azar, un grupo de especialistas podría develar esa metamorfosis.

Un pequeño 'oasis de oxígeno' encontrado en el fondo del antártico lago Fryxell representa una réplica moderna de las condiciones en las que se encontraba la Tierra hace 2.500 millones de años, cuando este elemento aún no era común en la atmósfera. También hay registros geoquímicos que demuestran que hace 2.400 millones de años el oxígeno se podía encontrar en la atmósfera superior, como el ozono.

Según publicó el portal Europa Press, la transición hacia el estado actual, conocida como 'el Gran Evento de Oxidación', es uno de los acontecimientos más importantes de la historia del planeta y fue posible gracias a que algunas bacterias desarrollaron la capacidad de realizar la fotosíntesis.

Para tratar de establecer cómo fue el proceso, el descubrimiento en el lago Fryxell, en los valles secos de McMurdo, podría ser muy útil, ya que, según anunció Dawn Summer, profesor y director de Ciencias Terrestres y Planetarias y autor del informe, sería un "ejemplo moderno de un oasis de oxígeno antiguo".

Summer aseguró que esta investigación podría avanzar "un poco por accidente", ya que fue otra expedición en el lago Fryxell la que aportó datos fundamentales. Durante una práctica de buceo por debajo de la zona de oxígeno, fueron detectadas algunas bacterias de color verde brillante que, al parecer, podían realizar la fotosíntesis

Por lo tanto, los próximos pasos del equipo de investigación serán aprender más sobre las reacciones químicas dentro de ese oasis y sobre el agua sin oxígeno ubicada alrededor de él, lo que le permitirá avanzar aún más en su camino hacia las 'bocanadas de oxígeno' previas a la Gran Oxidación.

Publicado en Medio Ambiente

Mediante bacterias y sin agua ni detergente, la estudiante de la carrera de Ingeniería Química, de la Facultad de Química de la UNAM, Jessica Valeria Cruz Aguirre, creó un nuevo sistema de lavado de ropa.

 Se trata de un envase con dos aerosoles: uno se rocía sobre la ropa para que las bacterias consuman las partículas orgánicas, quiten el mal olor y las manchas, mientras que el segundo rocío mata a los microorganismos, agrega suavizantes y perfumes a las prendas para que queden suaves y con aroma agradable.

Este trabajo lo presentó Cruz Aguirre con la alumna de la carrera de Negocios Internacionales de la Escuela Superior de Comercio y Administración (ESCA), unidad Santo Tomás, del IPN  Paulina Mar Lucas, quien se encargó de la parte de la mercadotecnia.

La joven universitaria señaló que a las bacterias utilizadas en ese proyecto se asocian generalmente a los metales, y que aunque no se les practicó modificación genética alguna, se les aclimató y obligó a alimentarse sólo de vino para que ellas solas se modificaran.

Eso se logra si se les proporciona su única fuente de nutrición, la adaptación es un proceso que ocurre poco a poco; posteriormente al vino se le agregó una mezcla de vino y aceite de cocina que los microorganismos empezaron a consumir, después se sumó el sudor, que comen lentamente.

Todavía falta desarrollo y no se ha obtenido un producto para ser lanzado al mercado, pero ya se cuenta con la estructura de cómo se utilizarán los “bichos”, puntualizó la joven.

Subrayó que la bacteria que no muera con el segundo aerosol podría escaparse al medio, por lo que es necesario asegurarse de que no representa riesgo; la empresa mexicana Sinaqua financiará la investigación en los próximos años para patentar y comercializar el producto.

 

Publicado en Medio Ambiente